La figura de Don Bosco en la actualidad

 ¿Por qué la figura de Don Bosco sigue siendo relevante hoy para los educadores?


Aunque Don Bosco vivió en el siglo XIX, considero que su figura sigue siendo muy importante para los educadores de la actualidad. Después de ver la película sobre su vida y de conocer la realidad que vivían los jóvenes de Turín, entendí que muchas de las situaciones que él enfrentó continúan existiendo hoy, aunque de formas diferentes. Por eso, su manera de acompañar, educar y creer en los jóvenes sigue siendo un ejemplo para quienes trabajan con ellos.


Don Bosco no parece ser una persona extraordinaria desde el principio. Se lo ve crecer como cualquier niño, atravesando dificultades, estudiando y esforzándose para alcanzar sus objetivos. Sin embargo, a medida que avanza la historia, se percibe que Dios lo acompaña constantemente y que lo va guiando hacia una misión muy especial. En varios momentos de su vida, sobre todo, en los momentos difíciles, Don Bosco encuentra la fuerza y las oportunidades necesarias para seguir adelante. Esto me hizo pensar que su obra no fue solamente el resultado de su esfuerzo personal, sino también de una profunda confianza en Dios y de una vocación que fue descubriendo a lo largo de toda su vida. Pareciera ser, Don Bosco, una obra de Dios para salvar a los jóvenes.


Lo más impactante es la manera en que Don Bosco se relacionaba con los jóvenes. En lugar de verlos como delincuentes o problemáticos, intentaba comprender las razones que los habían llevado a esa situación. Muchos de ellos vivían en la calle, no tenían familia cerca, sufrían hambre o trabajaban en condiciones muy duras. Algunos incluso robaban para poder sobrevivir. Don Bosco entendió que era imposible educar a un joven que no tenía cubiertas sus necesidades más básicas. Por eso les ofrecía comida, un lugar donde dormir, afecto, educación y la posibilidad de aprender un oficio. Cuando esos jóvenes encontraban seguridad y contención, comenzaban a imaginar un futuro diferente para sus vidas.


A partir de esto comprendí que una de las grandes enseñanzas de Don Bosco es que la educación no consiste solamente en transmitir conocimientos. Antes que nada, es necesario construir una relación de confianza y demostrar a la otra persona que es valiosa. Don Bosco no empezó enseñando materias; empezó escuchando, acompañando y estando presente. Recién después pudo educar. Creo que esa idea sigue siendo fundamental para cualquier educador en la actualidad.


Ahora bien, los Salesianos de hoy enfrentan desafíos similares, pero con sus propias particularidades a los de la época de Don Bosco. Los oratorios continúan siendo espacios muy importantes porque brindan contención, actividades recreativas, apoyo escolar y un lugar donde muchos chicos pueden sentirse acompañados. Pero la realidad social ha cambiado. En tiempos de Don Bosco, muchos jóvenes robaban porque tenían hambre o porque necesitaban sobrevivir. Actualmente, además de la pobreza, existen problemas relacionados con las adicciones, la violencia, la falta de vínculos familiares sólidos y la pérdida de proyectos de vida.


Por eso, en algunos casos, ofrecer un plato de comida o una ayuda económica no alcanza para resolver el problema de fondo. Esa ayuda sigue siendo necesaria y valiosa, pero muchas veces el joven vuelve a encontrarse con situaciones que lo llevan nuevamente al consumo de drogas o a ambientes que dificultan su desarrollo. Esto representa un desafío enorme para quienes trabajan en los oratorios y en otras obras salesianas. La pregunta ya no es solamente cómo ayudar a alguien que tiene hambre, sino cómo acompañar a una persona para que pueda reconstruir su vida, recuperar la esperanza y encontrar motivos para alejarse de situaciones que la perjudican.


En este sentido, creo que el mensaje de Don Bosco sigue siendo actual. Tal vez las problemáticas hayan cambiado, pero la necesidad de acompañar a los jóvenes continúa siendo la misma. Hoy, como en el siglo XIX, muchos chicos necesitan que alguien crea en ellos, los escuche y les ofrezca oportunidades reales para crecer. Los educadores salesianos siguen intentando responder a esa misión, adaptándose a los desafíos de cada época pero manteniendo el mismo espíritu que inspiró a Don Bosco.


Después de ver la película, leer sus memorias, y recordar cada reflexión recibida a lo largo de mi vida dentro del MJS, puedo reflexionar sobre la realidad actual, llegando a la conclusión, de que la figura de Don Bosco sigue siendo relevante porque supo descubrir el valor de cada joven cuando muchos los consideraban un problema. Su ejemplo demuestra que detrás de cada historia difícil existe una persona con capacidades, sueños y posibilidades. Más allá de los cambios sociales y culturales, esa mirada sigue siendo necesaria hoy.


Don Bosco entendió que nadie puede aprender ni proyectar un futuro cuando está luchando por sobrevivir. El desafío actual es descubrir qué necesitan los jóvenes de hoy para volver a creer que ese futuro es posible. Por eso, considero que su legado continúa vigente y que su manera de educar sigue siendo una inspiración para quienes desean transformar la vida de los jóvenes y construir una sociedad más humana y solidaria.


Ayer en Turín, hoy en cada patio salesiano, la misión sigue siendo la misma, porque cada joven sigue necesitando a alguien que crea en él.


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